¿un motivo?
Se me deshace la noche entre los dedos.
El día discurre de oficina en oficina.
La fiebre asciende, como la araña por su hilo de seda.
Me veo nadar con todas mis fuerzas en un inmenso océano. Las islas son privadas. No se permite llegar a puerto.
Un objetivo claro. Una tonelada de empeño.
Un tablero extraño donde se juega a algo que nunca aprendí.
Muevo mis fichas torpemente, apenas me quedan peones, la reina está cansada y el rey tira de ella.
Sin alfiles ni caballos de salto inesperado. Si acaso una torre desde la que observar.
Mi grito se convierte en eco perdido en algún lugar.
Desde que nací no he dejado de llorar, ahogadamente.
Soy un fantasma. Gas contra acero.
Ya casi ni me llegan noticias del exterior. Sólo las de mis verdugos.
Los brillos de las hojas de metal vuelven a volar.
Busco la armonía en un entorno hostil. Me pincho. Me quemo.
Siempre tienes una manta cálida para mi, una tirita para mi cicatriz, un dedo que sustente mi lágrima, un instante para mi voz, un vestido para mi piel, un paréntesis para mi tiempo, un susurro para mi desconsuelo.
Los días en que todo hace daño, de soledad absoluta...
... servirán para saber cuánto valen los días de paz.





