Puerto
No fluye el agua como la del río, aunque a veces siento que me ahogo en mi propio vaso.
Llevo los remos más grandes, los brazos más fuertes, las ganas más amplias.
Pero mi esfuerzo se queda flotando en la superficie y se me gasta.
¡Qué poderosas son las circunstancias!
Al menos la suerte de tu puerto me espera todas las noches y en él vierto fiebres, torrentes y asfixias.
No necesito expresarme para recibir lo que me cura. Lo lees, lo adivinas y con tangentes me haces salir del círculo donde me pierdo.

