Cincuenta metros.
Lo mejor de estar abajo es que ya sólo queda ascender.
Y ahora asciendo, como el humo ligero.
Serán cincuenta metros cuadrados para cobijarme, para esconderme, para guardarme.
Serán cincuenta metros para colocar todos nuestros libros, la ilusión, las fotos, los dibujos.
Serán cincuenta metros para esperar cuando llegues. El tintineo de tus llaves...
Cincuenta metros donde no cabrá más que la paz que nos hizo llegar hasta aquí y que nos alimentará mucho tiempo más.
Cincuenta metros sin parafernalias, sin protocolos, sin accesorios, sin papeles, sin intermediarios. Cincuenta metros más de progresión natural. Como los cincuenta metros verticales de cualquier pared de las que hemos hecho.
¡Por qué siempre me empeñé en creerme autosuficiente!
Hay que ver qué mal se escribe cuando las cosas están tan cerca, jajajaja.

Ruiseñea un avecilla cerca de mi minúsculo jardín de la cúpula.


