No estoy.
Líneas seriadas de nucas que pendulean de izquierda a derecha.
Por la ventana superior el sol se desliza tentador.
Se afanan sobre sus folios blancos, de colores... Por las mesas de color cerezo ruedan rotuladores y bolígrafos.
Fuera el cielo luce un azul insultante.
El calor hace resudar piernas, espaldas, cerebros.
Corre una brisa matutina deliciosa. Seguramente haya un montón de chopos y margaritas bailando al son de su movimiento.
Baldosa gris, falso techo blanco, mesas marrones y sillas azules. Atmósfera casi monocroma.
El suelo está repleto de pequeños puntos de color. Fondo verde. Brillo de las hojitas nuevas de los chopos, las enredaderas crecen como cúmulos.
Mi visión golpea insistente, como polilla que desea atravesar el cristal, contra el muro de color crema.
Fuera no hay más obstáculo que el horizonte.
Los florescentes iluminan y genera multitud de sombras multidireccionales. Luz azul, fría, inerte.
El sol calienta, aún no quema. Me apetece desnudarme frente a él. Abrir mi camisa, desabrochar mi pantalón. Extender los brazos y dejar que me tibien sus vibraciones.
Me escapo. No estoy nunca donde debería.
Son tan sencillas las cosas que me llenan...








Comentarios sobre No estoy.
No por intensos son buenos.
Algunos momentos, intensos, sí, han sido tan dañinos que a pesar de su brevedad cambiaron para siempre el curso de una vida.