Las locomotoras del siglo XXI
Aún no recuperada del espasmo social que presencié ayer, pero con el ánimo más laxo, percibo con amargura el triste rumbo que toman las locomotoras del siglo XXI.
Qué mejor ocasión que la de formar formadores para demsotrar la transparencia y la imparcialidad de la que debemos ser bandera. La oportunidad por los suelos y la sensibilidad de algunos en la parte alta del termómetro. Desde la comparación del entramado educativo con la estructura de una empresa, hasta la mención del dictador más cínico que ha vivido este país para retomar alguna cita que, en su eterno delirio dejó caer alguna vez. Una dialéctica digna de emperador romano de nuesro siglo, capaz de mover masas aborregadas. Un domino de palabra, tono y gesto que le permitirían coupar con éxito la pista central del circo para anunciar las cucamonas de payasos y monos de feria.
La indignación terminó por derrumbarme cuando, al concluir el funcionario su monólogo de comedia, el público aplaude fervoroso. ¿A qué se debe su ovación?, ¿al discurso manipulativo? ¿a las directrices retrógadas sobre las que pretenden basar nuestro sistema educativo?
Como cerilla de fósforo incandescente me esfumé del palco llorando: "así va este mundo".



