El Laberinto del Fauno
Cada noche subo a mi habitación procurando hacer el menor ruido posible.
Los pensamientos dañinos se van posando sobre mi fondo de ojo hasta invadirme por completo. No quiero que nadie se dé cuenta.
Dejo de ser la que amanece viva y hambrienta de más vida aún para convertirme en ese púgil dolorido que sobre la arena del circo recibe siempre más de lo que da.
Recuerdo mi mundo de colores, ese al que recurría cuando vivía "mi primera guerra".
Sigue latente. Los rotuladores en la mesa. Mis pantalones naranjas. El gusto por los abrazos. El color morado. Mi cama de otro siglo. Mis sueños en voz alta. Mi propio mundo, lejos, muy lejos de este. Mis recuerdos. Mis poemas. Dibujos, diseños se cuelan entre mis papeles...
No hago más que continuas llamadas a esa gran burbuja. Me rodeo de cosas que traigo de allá, y más ahora, cuando tengo que sumergir mi expresividad, mi fantasía, en pos de una horrible y cuadriculada puesta en escena.
Se acumula el grito en mi interior.
Me seguiré rodeando del espíritu de Ofelia.

