La taquilla 42
De un museo delicioso a mi cueva secreta.
Del ajetreo del recibidor a la tranquilidad de las mismas manos.
Del olor de un gran espacio a un pequeño taquillón.
De la indiferencia de un turista al calor de la cotidianeidad.
De la expansión a la intimidad.
De emoción en emoción y abro porque me toca.
Me gusta meter las manos en el bolso y sentir su sencilla redondez amarilla...
... por fin.

