El hereje
Dicen que no se debe escribir sobre algo vivido si no es dejando perspectiva que permita analizar y observar los datos con objetividad. Pero a veces no es posible.
Ayer terminé de leer EL LIBRO. Uno de los mejores con los que me he topado, sin duda alguna.
Encerrada en la trepidante trama final, sin importarme la hora de dormir, anoche concluí su lectura y concilié el sueño, como pude, con el sabor grandioso de su final. Y con el mismo sabor me he despertado hoy.
Llevo todo el día dándole vueltas al final de Cipriano Salcedo, la pobre Teo, Minervina, el Santo Oficio, la familia Cazalla... He respirado las calles del Valladolid del siglo XVI, he reconocido caminos, pueblos, murallas, ríos...
He viajado a caballo, sufrido la cárcel, he visto florecer negocios, he manejado ducados y florines, he conocido a la familia Cazalla. He cambiado mi fe por otra más pura, me he alimentado de los pechos de Minervina, he sufrido persecución y he vivido ese final, apoteósico, terriblemente apoteósico.
Delibes.
Un Delibes maduro, exhaustivo, rigoroso, sabio... Sólo así se puede firmar una obra maestra de este calibre.
No sólo la trama conduce al lector por las húmedas calles de la Valladolid del Renacimiento; los pequeños rincones, las escenas de caza, los viajes a caballo, las distintas monturas, las vestimentas, los pañitos de Flandes, los caracteres recios, los estragos de la peste... El lector acaba empapado del mismo sudor que el protagonista, ve por sus ojos, aprende a la vez que él.
Ni qué decir tiene la riqueza léxica y sintáctica de una redacción cuidada, depurada, castellana, detallista, alejadísima de los modismos. Superior a ellos y a cualquier marea temporal.
A todos aquellos que buscan LIBROS, libros de verdad, cuyos autores no se preocupan por las cifras de ventas, les recomiendo encarecidamente EL HEREJE, de Miguel Delibes, por el que, en mi humildísima opinión, debieran haberle concedido ese Nobel de Literatura.

