Anecdotario.26_octubre_09

¡Menudo día!
Y menudo fin de semana... Sometida a la infección de mis anginas. Pero bueno, si no se puede ir al monte, pues nada. Una se atiborra una dosis justa de ibuprofenos y paracetamoles y se va al Reina Sofía. ¡¡Sol en Madrid!! pues sí, Sol en Madrid (y muy bien acompañada, como siempre)
Por las fotos podéis ver algunas de las obras visitadas, que no son ni la décima parte de todo lo visto.
El domingo tranquilito, ibuprofeno flotando por las venas y cámara de fotos en mano, a pillar algunas de las escenas otoñales más rabiosas de estos lares (ahora subo alguna foto otoñal).
Y hoy, valiente de mi, me he ido sin ibuprofeno. Y menudo día. Ourf.
Itinerancias, intercambios divergentes con la directora del cra, extraescolares, comida en el colegio a toda caña, compra, alquiler de garaje, conversación con vecinas, y desplome en casa. Directa al ordenador.
Amanece un día tibio (extraño para estas fechas) y me dirijo en cochecito a Diego Álvaro, un pueblo que existe allá, lejos lejos, cercano a Salamanca donde cuento con un vastísimo alumnado de ... 5 niños!! Tachaaaaaaan. En una clase tengo:
Un niño de 4 años
Un niño de cuarto de primaria
Una niña de quinto
Un niño de sexto
Una niña de sexto que repite.
Tela marinera para programar clases conjuntas.
En fin. La cosa sale bastante bien. Me toca ser fría, porque les encanta cotillear y contarme su vida. Y no puede ser.
El más pequeño nos deleita con sus gases durante todas las clases. No hay día que se le escape un pedo. Se pone colorado como un pimiento el pobre y se delata solito. Alboroto pedil y seguimos la clase.
La niña de quinto es una monada. El problema es que lo sabe y trae a los dos maromos por la calle de la amargura. La mayor de todas es de la tierra, se le nota, en la color del rostro, las formas que el buen embutido dehesano proporciona y por las marcas que tienen los lugareños al nacer en la frente, porque se colocan la boina a rosca. Vamos, la chica es todo buena predisposición, pero está claro que no la puso dios en este mundo para ser una gran música.
Después tengo clase de Plástica. Lo pasamos bomba dibujando. Cada uno a lo suyo. Las témperas nos manchan los dedos de negro y azul, las ceras Manley nos alegran las uñas, la viruta de la pintura de madera se cae de los sacapuntas y las gomas no dan abasto a borrar. Me han propuesto poner música durante la clase. Y en un principio accedí hasta que vi qué propuestas lanzaban: Extremoduro, Estopa y cosas por el estilo.
En el recreo voy "descansando" hasta el siguiente pueblo, San Miguel, donde hay el escalofriante número de... ¡¡11 alumnos!! guau. Casi rozamos el lleno total. De los seis de infantil faltaban tres. Y menos mal, porque tengo a uno que vale por ocho. De mayor volverá loquitas a las niñas.
El grupo de primaria abarca la heterogeneidad de 2º de primaria, cuarto, quinto y sexto. Ole también para programar las clases. ¿Qué hacen los de segundo mientras el resto toca la flauta, eh? pues fichas que se va sacando una de la manga como puede. Al menos colaboran y disfrutan de la música.
Salgo a las 2:40 horas del cole y a las 3:00 tengo que estar en Piedrahíta. Me separa la distancia de 30 kilómetros pro una carretera que quita el hipo (o lo pone) unas curvas de herraduras peraltadas al revés, donde no se ve si te va a salir una vaca, un marrano o un trolebús de frente estupendas para relajarle los nervios a cualquiera.
Pues por mis cojo.... que logro hacerme los 30 kms en 20 minutos y comer con la profe que me estaba esperando en Piedrahíta. Porque hoy me toca comer en el cole.
Llego allí toda sofocada, como es natural. Me espera María (nombre falso) para comer y comemos. Como hablamos como cotorras y cuando hablo no como se nos pasa el tiempo volando y me toca meterme el café como si fuese agua.
Y llega la jefa de estudios, el colmo de la diplomacia y del buen estar, y nos ponemos a planificar más cosillas, rellenar los papeles de la itinerancia y demás burocracias propias del oficio.
Cuando, a las 6, creo que mi jornada ha acabado, marchamos María, con la que comí, y yo al Súper a comprar algunas cosillas. Después nos liamos hablando. Suena mi móvil y ¡oh, mierda! me he olvidado de que había quedado con el de la inmobiliaria para visitar un garaje que salve a mi coche de las heladas nocturnas. El de la inmobiliaria llevaba una hora y media esperándome, tiempo que, me ha prometido, ha llenado con otros quehaceres, y menos mal.
Visito la plaza y me la quedo. A ver, no hay otra... pues ¡qué le vamos a hacer!
Vamos a hacer una copia de las llaves. A todo esto, yo cargada como una mula con los libros y una linterna tamaño hueso de cromagnón (porque aquí la cosa está escasamente iluminada por la noche) Vuelvo otra vez a mi coche y lo intento meter en el garaje. Cojones, qué estrecha es la plaza.
Acto seguido me viene un vecino garajil con una liebre despellejada en la mano dándome instrucciones de cómo meter el vehículo en el sitio en cuestión. Qué buena estampa la de la liebre semidespellejada. Sí señor.
A todo esto yo me había quitado una araña del pelo y oltras dos de la ropa, porque hace mucho que nadie entraba en ese garaje. Pero qué de cosas estoy aprendiendo en esta tierra. por dios.
Arf. Llego a casa.
Me asaltan las vecinas. Que si no me funciona el timbre de abajo, que si pueden pasar a ver cómo ha quedado la obra de la terraza, que si puede venir ahora el electricista a arreglarme la tele y el timbre, que si estaba muy rica el aceite que les llevé...
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Y fin.
Ahora, a la elegante hora de las 21:24 horas aún me falta programar TODO lo de mañana y hacerme las lentejitas. Menos mal que han cambiado la hora.
Así que, con toda la cortesía de que soy capaz a esta hora, me despido y retiro a continuar con mi jornada.
(A ver quién ha tenido narices a leérselo todo)
Buenas noches.







