Abrilea la cámara.
Ruiseñea un avecilla cerca de mi minúsculo jardín de la cúpula.
Gladiolean las flores violetas que se desenrollan de su invierno.
Yerbea el manto verde que recubre los pies del árbol que sí, lilea.
Cascadea el agua por las caídas rocosas y nanea antiguas canciones para niños.
El tomillo salvaje se ha cargado de aroma y los insectos nectarean las entrañas melosas de sus pequeñas malvas.
Luminean los rincones más entrañables y los amantes de luz colorean sus diafragmas con fotones nerviosos.
Llevo dos años esperando una primavera.






